Hoy rescatamos un par de imágenes de aquellos primeros tiempos de Ladrillo. Aunque ya con algunas primeras mínimas reformas edilicias y con el patio Margarita recién inaugurado.
La movida estallaba los sábados en la previa de un “Ladrillo Disco” que lucía repleto siempre, con Claudio Arroyo, Tatano Pérez y Walter Ordóñez recibiéndote en la puerta o en alguno de los sectores ladrillenses. Y muchos personajes más que dejó aquel momento. Gente de todas partes (pero de todas partes en serio) llegaba a Realicó y el centro era una locura. Las cuadras cercanas se llenaban de vehículos con gente de localidades pampeanas, de Córdoba, San Luis y Buenos Aires.
Como decía la noventosa remera de Ladrillo, que ya pertenece al recuerdo imborrable de una gran zona del centro del país que llegaba sábado a sábado a hacer explotar el boliche, el código de convivencia y diversión quedaba claro desde el ingreso:
EN LADRILLO PODES:
Saltar. Escaparte de tu novia o novio. Encontrarte al vecino. Tomar coca cola. Escuchar marcha. Pisar a alguien. Cantar. Entrar de alpargatas. Rascarte la cabeza. Comer chicle con la boca abierta. Ir con la misma ropa del día anterior. Estar cómodo o incómodo. Charlar con todo el mundo. Estacionar la bici afuera. Festejar navidad. Tomar toddy. Llevar los autitos o muñecas para jugar. Hacer ea ea pe pe y preguntar que gusto tiene la sal. Comentar los dibu de la tarde. Tener buena onda. Dejar las armas en la entrada. Quejarte. Transpirar. Gritar. Bailar. Llorar. Zapatear. Reir. Dar vueltas sin que te cobren. Sacar el cuero. Ir disfrazado. Ir con el pullover al revés. Entrar sin pintarte. Ir con la ropa prestada. Ir con la novia o novio prestado. Mirar la hora. Hacer trencitos y puentes. Dar un discurso sin que te escuchen. Meterte el dedo en la oreja. Ir sin perfume. Bailar con pata de ranas. Encontrar el amor o bagre de tu vida. Ir con sombrero. Ir resfriado. Toser. Joder sin joder. Pedir hielo para el vaso. Pedir pajitas. Dormirte. Disfrutar. Cantar el himno. Abrazar a alguien. Ir enyesado. Ser original. Ojo hay otros lugares en los cuales no podés hacer tantas cosas como en LADRILLO.
Con frases que definen muchísimo aquellos 90 inolvidables y palabras que hoy al piberío pueden parecerles desactualizadas, esta remera despierta anécdotas increíbles y dispara momentos que quedan para siempre en la memoria de quienes vivieron aquel tiempo. Cómo no acordarse de la tribuna, el patio, Margarita, Cemento, el reservado abajo y después arriba, las barras, los DJ´s, barmans y barwomans.
Ladrillo es una marca en el tiempo de los 90 para Realicó y una amplia región, como también una declaración adolescente y joven de vivir la vida como pinte, que está todo bien, en un mundo que, aunque parezca otro, no lo es. El ritual del abrazo entre amigxs, de la risa sanadora, de compartir el momento, de bailar como locxs el sonido que sea, del AMOR, sigue más vivo que nunca… como Ladrillo en nuestro amado Realicó.