Se fue alguien que hacía de la charla un ritual prolongado, extenso, de paseos por geografías fantásticas, que intentaba la búsqueda de la palabra como se busca al milagro y saboreando luego el mágico hallazgo.
Se fue una amante de la poesía de letras cadenciosas, una diletante, una lectora voraz.
Se fue una voz fuerte, dedo en la llaga, una mirada de ojos nostálgicos, una buceadora incansable en la búsqueda del Realicó que no solo Queremos, sino que nos Debemos, en el apoyo incondicional a las instituciones, incluso desde la crítica, en el amor a La Pampa de Orozco o Bustriazo.
Una escritora romántica bajo la plena descripción de ese término.
Se fue el mensaje siempre afectuoso, de elogios cariñosos.
Se fue el encuentro siempre jugoso y abierto a temas insospechados, a risas y comentarios filosos.
Se fue alguien que amaba la noche, las madrugadas, que las acariciaba con pasión.
Hasta siempre Gladys querida. Gracias por haber pasado por mi vida.