Para todos aquellos que hoy se quejan de las jornadas de viento y tierra en Realicó y localidades cercanas, este dato puede hacer que las mismas aminoren. Porque, como se sabe decir en el campo, «tormentas de viento y tierra eran las de antes».
Así lo recuerda un dato recabado por el historiador y escritor realiquense Carlos Rodrigo.
El 8 de diciembre se cumplieron 90 años justos de un episodio que quedó en la memoria realiquense, o por lo menos en los apuntes de los datos históricos y curiosidades.
Fue en 1929 cuando «pocos minutos después de las 4 de la tarde un fuerte viento desata una tormenta de tierra de inigualables características y que infunde profundo temor en la población; especialmente los niños. Las escasas lluvias de ese año producían periódicamente voladuras de médanos y suelos erosionados y ese día una de esas tormentas resultó inolvidable para los realiquenses que lo vivieron a esa hora “se hizo la noche”; el fenómeno duro casi hasta el amanecer en que amainó el viento y el polvo suspendido en la atmósfera se fue asentando».
Según relata Rodrigo, aquella tormenta pasó a la historia como “la tormenta negra”.