La descripción brindada por un subcomisario de la Policía de la Ciudad durante la quinta audiencia del juicio contra Cristian Gabriel «Pity» Álvarez Congiú (54) fue contundente: la víctima presentaba cuatro impactos en el rostro, en una zona conocida como «la cruz de la muerte», lugar donde los francotiradores apuntan para causar heridas letales.
Manuel Oscar Martin, licenciado en Criminalística e inspector de la policía porteña en 2018 —año en que ocurrió el crimen imputado al músico—, manifestó que fue primer jefe de la Unidad Criminalista de la División Escena del Crimen y que fue alertado cerca de las 3:20 de la noche del homicidio, cuya víctima fue Cristian Maximiliano «Gringo» Díaz (36).
Al llegar al lugar, Martin observó a un hombre tendido boca arriba y halló cuatro vainas servidas junto al cuerpo. Mientras él se encargaba de la escena del crimen, una médica legista atendía a la víctima. El subcomisario detalló que Díaz presentaba cuatro disparos en el rostro —zona frontal, considerada letal—: uno en el pómulo, otro dentro o fuera de la boca (no pudo precisarlo por la cantidad de sangre), uno en la parte inferior, otro en el cuello y otro en la frente. Al señalarse en su propio rostro los lugares de los impactos, explicó que esta región se denomina «la cruz de la muerte» o «zona de la muerte» debido a que forma un triángulo en el que los francotiradores apuntan, ya que las lesiones en esta área suelen ser graves al no encontrarse huesos duros.
El testigo destacó que llamó la atención la precisión de los cuatro disparos, que fueron efectuados con una pistola Colt 635, calibre .25. Este arma, diseñada en 1902 para defensa personal, produce daños siempre graves, indicó Martin. La energía cinética con la que sale el proyectil es de 80 a 90 julios, mientras que una pistola calibre 9 mm tiene aproximadamente 300 julios, tres veces más energía; sin embargo, ambas son potencialmente mortales.
Martin también reveló que los disparos fueron efectuados a una distancia aproximada de 60 centímetros, lo que indica que Álvarez y Díaz estaban muy cerca al momento del ataque. Además, aportó un dato hasta entonces desconocido: Díaz tuvo una breve sobrevida y no murió en el acto. Según el testigo, los impactos en el pómulo y la boca fueron los que causaron la muerte. Indicó que, debido a la gran cantidad de sangre, existió un período de sobrevida y que en las manos de la víctima se encontraron signos de defensa. La posición de las vainas sugirió que el tirador estaba ligeramente hacia la izquierda.
Esta información fue corroborada por Cristina Bustos, médica de la Morgue Judicial a cargo de la autopsia, quien confirmó la existencia de cuatro disparos y un solo orificio de salida. Todos los trayectos fueron de izquierda a derecha, de adelante hacia atrás, y tres de ellos de arriba hacia abajo. Puntualizó que la gran hemorragia hallada evidenciaba una sobrevida mínima.
Durante la declaración de estos testigos y otra policía que intervino en la escena del crimen, se observó que Álvarez pasó gran parte del tiempo durmiendo e incluso roncando. Esta actitud fue advertida por el presidente del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 29, Gustavo Groerner, quien le recordó que no es obligatorio su presencia en las audiencias y que, de repetir esa conducta, podría decidir que no pueda estar presente.
La defensa, integrada por los abogados Javier Baños y Sebastián Queijeiro, sostuvo que el acusado desea estar presente en el juicio y que tiene derecho a ello. «El imputado tiene derecho de estar en el juicio, y en los intervalos en que esté lúcido quiere permanecer», afirmó Baños.
En respuesta, el juez advirtió: «El juicio continuará en estas condiciones. Ya sea por medicación, cansancio o falta de interés, puede retirarse. No voy a permitir que el imputado ronque ni más interrupciones en el debate. Pido colaboración para mantenerlo despierto».
Posteriormente, Álvarez solicitó ir al baño y no regresó. Una abogada del equipo de defensa fue a buscarlo y comunicó que el músico estaba descompensado. Minutos después, una ambulancia del SAME llegó y constató que tenía niveles elevados de glucosa y una presión arterial alta, con valores de 20/12.
Tras ser trasladado al Hospital Fernández, la audiencia fue suspendida hasta el próximo lunes. Álvarez fue atendido, se le realizaron análisis y, por la tarde, regresó a su domicilio para continuar con el reposo indicado por los médicos.