En la ciudad de La Plata y a los 92 años de edad, falleció este miércoles el reconocido periodista pampeano y histórico militante de los derechos humanos, Juan Carlos Martínez.
A lo largo de su extensa trayectoria, Martínez supo combinar de manera indisociable el ejercicio riguroso de la profesión periodística con el compromiso inclaudicable en la defensa de los derechos fundamentales. Su paso por la redacción del diario Río Negro lo ligó fuertemente a esa lucha, desde donde publicó editoriales del Buenos Aires Herald que, en plena dictadura militar, se animaron a denunciar las desapariciones de personas.
Una trayectoria marcada por el compromiso y la pluma crítica
Sus primeros pasos en la profesión se dieron en el diario Zona Norte —al que accedió gracias a su formación como telegrafista ferroviario y a sus lecturas de raigambre socialista—, para luego desempeñarse en la agencia Diarios y Noticias (Dyn) y realizar colaboraciones para prestigiosas revistas españolas como Cambio 16 e Interviú. Durante la década del ’90 ocupó el cargo de director periodístico del diario La Reforma. Ya en el nuevo milenio, fundó y dirigió la revista Lumbre (2001-2015).
Como autor, dejó una huella indeleble a través de la publicación de varios libros de investigación y gran impacto político y social:
«La Abuela de Hierro»: Relata la recuperación de Carla Rutila Artes por parte de su abuela Sacha, un libro prologado por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.
«El Golpeador»: Biografía sobre el dirigente Juan Carlos Tierno a partir de un episodio de violencia de género ocurrido en los años ’80.
«La Pampa Nostra»: Un análisis sobre las administraciones de Carlos Verna y Rubén Marín.
«La Apropiadora»: Obra centrada en la historia de la adopción de Marcelo y Felipe por parte de Ernestina Herrera de Noble, propietaria del diario Clarín.
Asimismo, mantuvo un estrecho vínculo y acompañó durante años a María Isabel «Chicha» Mariani —vinculada a la provincia a través del músico pampeano Enrique Mariani— en su incansable búsqueda de su nieta Clara Anahí, apropiada en 1976 en La Plata.
Definido por su fina pluma, caracterizada por la sensibilidad social, el humanismo y una mirada mordaz sobre la política, Martínez supo utilizar el humor y la ironía como herramientas para enfrentar la crudeza de la realidad. En sus últimos tiempos atravesó una dura enfermedad, encontrándose rodeado por el afecto de sus hijas, Nora y Analía, y sus nietos en la capital platense.