El pre candidato a Senador Nacional, por Juntos Por El Cambio, Daniel Kroneberger, y a diputado nacional, Martín Maquieyra sostuvieron que la agenda de futuro que se debe abordar, pone el eje, en que la educación y el trabajo, sean la columna vertebral para el desarrollo del país.
La falta de creación de trabajo es un tema recurrente. Sólo un tercio de nuestra población en edad de trabajar tiene un trabajo estable. Nuestro crecimiento per cápita negativo y nuestro déficit fiscal crónico se originan en gran medida en esta precarización laboral. La asistencia social mitiga sus efectos sociales, pero no la resuelve.
Si hay una llave para salir de este camino descendente, es la educación para el trabajo. La educación para el trabajo para que, en el futuro, nuestros trabajadores puedan acceder a mejores trabajos, que esta alternativa sea algo más que una aspiración lejana es la educación y formación laboral.
Un caso paradigmático es lo que se conoció públicamente, donde presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, se refirió a los escollos en la búsqueda de 200 empleados para proyectos a futuro para su planta de Zárate, ya que muchos potenciales trabajadores y trabajadoras no tenían el secundario completo.
Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero hay razones para suponer que el futuro del empleo no será (principalmente) asalariado. Si esto es así, la formación profesional debería incorporar en sus objetivos a las nuevas modalidades de trabajo, incluir oficios y competencias del trabajo independiente o eventual, e incluir habilidades transversales necesarias para un mundo en creciente rotación.
Poner recursos en una formación de calidad para nuestros trabajadores
El proyecto de ley de Formación Laboral Continua, que tiene estado parlamentario, debe ser trabajado por todas las fuerzas políticas.
La intención de este proyecto es la planificación de la educación para el trabajo y anticipa a las situaciones, problemas y necesidades de la Argentina del futuro, estamos convencidos que es imposible pensar el modelo de movilidad social ascendente si no es a través de la inserción laboral”.
El proyecto tiene tres núcleos centrales: “La generación de un Sistema Nacional de Formación Laboral Continua, que es integrador de programas y de proyectos; la transición entre el sistema educativo formal y el trabajo, a través del Sistema Nacional de Prácticas Formativas, que retoma los aspectos más positivos de la Ley de pasantías; y la formación en el trabajo dirigido a desocupados, a personas con discapacidad y a los sectores más vulnerables de la sociedad que necesitan tener un trabajo de calidad”.
El proyecto activa y jerarquiza los consejos de competencias, genera un esquema de certificación esencial para que la formación funcione como escalera de progreso social y reúne a todos los actores relevantes en la misma mesa, abriendo la puerta a una mayor participación del empresariado: la formación laboral es la responsabilidad social empresaria de la pospandemia. Ese proyecto, primer paso para hacer de la educación para el trabajo una política de Estado, debe ser debatido, revisado y aprobado por el Congreso cuanto antes.