El sur de la provincia de Córdoba alberga inmensas llanuras y estancias cargadas de historia, muchas de las cuales han quedado en el olvido, transformándose en el escenario perfecto para mitos rurales y actividad paranormal. A diferencia de los conocidos hoteles de las sierras, los misterios de las estancias del sur mezclan el aislamiento del campo con tragedias del pasado.
Redacción IMPACTO.
A continuación, un recorrido por las historias y leyendas más destacadas de estancias y casonas rurales embrujadas en el sur cordobés:
1. La Estancia «Maldita» (Zona de General Cabrera)
Esta es una de las leyendas rurales más fuertes del sur provincial, documentada por investigadores de mitos urbanos como Gerardo Bessone. Se trata de una inmensa y antigua estancia que, con los años, terminó dividida entre cuatro dueños. En la actualidad, gran parte de sus tierras se utilizan para la producción de maní, pero los lugareños le escapan a la casona central.
Quienes han trabajado o pasado la noche en el lugar aseguran que la atmósfera es asfixiante. Se relatan ruidos inexplicables de pasos pesados en los patios vacíos, portazos violentos a pesar de no haber viento y la constante sensación de estar siendo observado desde las oscuras ventanas coloniales. Los relatos de camioneros y peones rurales de la zona alimentan el mito de que sobre esa propiedad pesa una vieja maldición familiar.
2. El Palacio y Casona de Inriville (Sudeste de Córdoba)
Aunque técnicamente está en el sudeste, la casona rural de la familia Araya en Inriville es el epicentro del terror rural en la llanura cordobesa. Construida hacia 1890, esta imponente casona señorial perteneció a una familia de la alta sociedad que solía dar grandes banquetes. La desgracia cayó sobre ellos cuando uno de sus hijos pequeños, Evaristo, fue secuestrado durante un ataque de malones de los indios Ranqueles. Tras pagar una fortuna, el niño fue devuelto, pero la leyenda cuenta que regresó «maldecido» o profundamente alterado. A partir de allí, la familia cayó en la ruina y se dice que en el lugar se llegaron a practicar ritos esotéricos.
Los lugareños afirman que la casa «se niega a morir». Ha habido intentos de demolerla con maquinaria pesada, pero extraños desperfectos técnicos o accidentes imprevistos lo impidieron, dejando que la estructura se caiga sola por el paso del tiempo. Quienes pasan por la ruta o merodean el predio aseguran ver luces extrañas flotando y escuchar lamentos.
3. Estancia La Reducción (Río Cuarto / Juárez Celman)
Ubicada en una zona histórica del sur, cerca de lo que fueron los antiguos fortines de la frontera contra el indio, esta estancia se encuentra hoy abandonada. Pertenece a una firma privada, pero su casco antiguo permanece deshabitado, devorado por la maleza del campo. Al estar en una región con tanta carga histórica de batallas y muertes del siglo XIX, el misticismo la rodea por completo.
Grupos de exploradores urbanos y locales que se han aventurado al caer el sol reportan bruscas bajadas de temperatura, sombras que cruzan los pasillos señoriales y ruidos de carretas o caballos que parecen enterrados en el tiempo.
4. Las Apariciones en Banda Norte y los Campos de Río Cuarto
Río Cuarto, la capital alterna de la provincia, es el corazón del sur cordobés y sus alrededores rurales están llenos de crónicas de este tipo. Una de las más famosas de la zona es la de una casa-quinta antigua donde una familia descubrió una habitación oculta en el patio repleta de objetos del siglo pasado. Tras el hallazgo, comenzaron a sufrir fenómenos de poltergeist: un piano que se tocaba solo por las noches e incendios espontáneos de colchones y roperos que obligaron a los dueños a abandonar el lugar.
🪵 El Mito de las «Brujas del Sur»
Más allá de los nombres propios de las estancias, existe una creencia folclórica muy arraigada entre los puesteros y peones de los campos del sur de Córdoba (desde Laboulaye hasta Vicuña Mackenna): las brujas transformadas en aves.
Se dice que cuando un pájaro negro de gran tamaño y graznido extraño se posa en los techos de dos aguas de los ranchos o los galpones de las estancias, no es un animal común, sino una entidad que vigila a los habitantes o busca dejar un «daño» en el ganado. Para ahuyentarlas, los paisanos aún repiten antiguos rezos o tiran sal gruesa al fuego.