“No es Ni Una Menos quien debe cumplir el rol del Estado, son las comisarías y los jueces”, fustigó una de las oradoras en la plaza central. Docentes pidiendo por la ESI, profundos relatos sobre la violencia psicológica silenciosa y una trabajadora de la salud que denunció haber sido agredida físicamente esa misma jornada marcaron una convocatoria histórica.
REALICÓ | La movilización por el 11° aniversario del «Ni Una Menos» en la plaza central de Realicó dejó de ser una simple concentración estadística para transformarse en un espacio de catarsis colectiva, fuertes posicionamientos políticos institucionales y denuncias directas en el espacio público. Un importante número de vecinas, jóvenes, docentes y trabajadoras locales tomaron el micrófono para visibilizar la desprotección estatal y el arraigo de las violencias machistas en la localidad.
VIDEO:
A continuación, repasamos los ejes centrales y los testimonios más impactantes que marcaron la emotiva noche de protesta:
«Nos estamos confundiendo de roles: la culpa no es de la convocatoria, es del Estado»
Una de las primeras oradoras cruzó con dureza las especulaciones de algunos medios de comunicación nacionales que intentan relativizar la eficacia de las marchas comparando las tasas de femicidios.
«Nos estamos confundiendo de roles. No es Ni Una Menos quien debe tomar las denuncias, son las comisarías. No es Ni Una Menos quien debe condenar legalmente a los asesinos, abusadores y violadores; es el Poder Judicial. No es Ni Una Menos quien debe arrestar a los culpables, es la policía. No es nuestra responsabilidad que las debidas obligaciones del Estado en todos sus niveles y en sus tres poderes no sean aplicadas.»
Hacia el cierre de su intervención, la manifestante parafraseó la emblemática frase del fiscal Julio César Strassera en el Juicio a las Juntas: «Nunca más, señores jueces. Hoy decimos: ¡Ni una menos, señores jueces! ¡Ni una menos, señores gobernantes!».
El pedido de las docentes: Presupuesto, estadísticas y Educación Sexual Integral
El sector educativo estuvo presente con un mensaje claro respecto a las ausencias en las aulas. Una profesora tomó la palabra expresando el dolor de la comunidad educativa local: «Hoy en las escuelas del país faltan Dulce y falta Agustina, en las aulas no están. Como profe se lo dije a mis alumnas: vengo por ellas, por las pibas que nos faltan y por las que todavía no tienen las herramientas para estar acá.»
Asimismo, enfatizó las demandas de políticas públicas estructurales:
Presupuesto genuino para las políticas públicas de género.
Estadísticas y datos concretos para poder desarrollar abordajes científicos.
Implementación efectiva de la ESI (Educación Sexual Integral):«No para que las niñas se sexualicen, sino para que puedan pedir ayuda cuando un adulto abusador y acosador las maltrata, para que los niños y niñas sean educados en derechos y sepan cuáles son los límites respecto al consentimiento».
La visibilización de la violencia psicológica: «Las heridas del alma no se ven»
Otro de los momentos más sentidos de la noche ocurrió cuando la viceintendenta de la localidad expuso, desde una perspectiva autorreferencial, cómo opera la manipulación psicológica intrafamiliar.
«A veces se hace la denuncia y se puede comprobar porque tenemos golpes, un ojo morado o una patada en el estómago. Pero otras veces hay heridas que quedan en el corazón y en el alma, y esas no se ven. ¿Cómo denuncio una violencia psicológica diaria que te dice ‘no servís para nada’, ‘sos una inútil’, ‘¿para qué vas a estudiar eso?’. Cuestionamientos que te van haciendo cada vez más chiquita, aceptando y creyendo que somos nosotras las culpables.»
La manifestante relató el desamparo institucional ante estos casos: «Vas a la comisaría a decir que te están violentando psicológicamente y te dicen: ‘Mostralo’. Por favor, abran los ojos. Esto no se cura como un moretón, tarda muchísimo en sanar. ¡Basta de violencia psicológica, física, económica y laboral!»
«Los asesinos caminan entre nosotros»: El llamado a los varones
La alarmante estadística nacional de que en Argentina ocurre un femicidio cada 31 horas fue utilizada para interpelar de forma directa a los hombres de la localidad.
«La mató un hombre, un hombre que anda entre nosotros. Los asesinos caminan en las calles, trabajan en lugares, comparten reuniones familiares y amistades. Por eso les hablo a los hombres que nos acompañan: necesitamos que no se callen más, que no miren para otro lado. Levanten la voz cuando escuchan un comentario violento, una amenaza disfrazada de chiste, un micromachismo. Dejen de cubrir, justificar o minimizar conductas que saben que están mal.»
Conmoción: Una trabajadora de la salud denunció haber sido agredida durante su guardia
El testimonio más crudo de la noche provino de una trabajadora de la salud pública local, quien relató, visiblemente afectada, un episodio de violencia física y amenazas sufrido durante su jornada laboral de ese mismo día.
Conforme a su declaración, asistió junto a sus compañeros a un domicilio para trasladar a un paciente masculino al hospital local. Una vez en la guardia médica, el individuo reaccionó de manera violenta contra ella: «Lamentablemente él reaccionó físicamente hacia mí; me agarró del cuello con una mano y con la otra amenazó con pegarme. Menos mal que estaba el médico y dos compañeras.»
La trabajadora confirmó que debió retirarse de su puesto y radicó la denuncia penal correspondiente junto con el certificado médico de las lesiones. Explicó que el agresor —quien se desplaza en silla de ruedas— es un sujeto conocido en la localidad que ya registra antecedentes y denuncias previas por agresiones hacia otras personas: «Sentís impotencia, te sentís mal porque ninguno estamos a salvo. Pido por favor que se haga algo con este sujeto porque ya lo conocemos. Esto no lo podemos minimizar».
«Mi bombo habla lo que yo callé»
Hacia el cierre de la jornada, las participantes más jóvenes llamaron a perder el miedo y a profundizar la organización colectiva en Realicó. «El miedo es oculto y es peor callarse; tener miedo de salir a la calle es feísimo. Expresen lo que les pasó, compañeras, dense las manos. Que haya más movimiento femenino en Realicó. Mi bombo habla lo que yo callé, y eso es hermoso. ¡Justicia por Agustina, por Dulce y por todas las compañeras!»