REALICÓ | La última sesión del Concejo Deliberante dejó una reflexión necesaria sobre la cual vale la pena detenerse y puso sobre la mesa una contradicción propia de nuestra evolución urbana: el pavimento, que llegó para darnos calidad de vida, parece haber habilitado también la imprudencia de quienes confunden una calle de barrio con una pista de carrera.
Ante el reclamo vecinal por el exceso de velocidad, la respuesta más rápida parece ser llenar las calles de obstáculos físicos. Pero, ¿es ese el camino ideal?
El costo de la imprudencia
La concejal Leticia Embrici (FREJUPA) en el momento de tomar la palabra dijo: la seguridad vial no es solo poner un lomo de burro. Instalar reductores, radares o semáforos implica un gasto municipal millonario que sale del bolsillo de todos. Recursos que podrían destinarse a otras obras si, simplemente, respetáramos las normas que ya conocemos.
Resulta casi absurdo pensar que el Estado deba intervenir físicamente en cada cuadra para obligarnos a lo que dicta el sentido común: frenar en las esquinas y cuidar al peatón.
Emergencias en pausa
Un punto clave que a veces olvidamos es el efecto contraproducente de «obstaculizar» la ciudad. Cada reductor de velocidad es un segundo valioso que pierden una ambulancia, un patrullero o una dotación de bomberos en una emergencia. Una ciudad llena de lomos de burro es una ciudad menos ágil para quienes necesitan llegar a tiempo para salvar una vida.
La verdadera prevención
La propuesta presentada por los vecinos y acompañada en el trabajo conjunto de los concejales de todas las bancas, debe apuntar a un equilibrio. Sí a la planificación estratégica en zonas críticas como las escuelas, pero no a la dependencia del control externo para portarnos bien. La seguridad vial es, ante todo, una construcción colectiva. Podemos llenar Realicó de inspectores, policías y semáforos, pero si no hay una toma de conciencia real de que la vía pública es un espacio compartido, ninguna estructura de cemento será suficiente.
La prevención más efectiva y barata no se construye con hormigón, sino con respeto. Antes de pedir un reductor en nuestra cuadra, quizás debamos preguntarnos: ¿a qué velocidad pasamos nosotros por la cuadra del vecino?