Una postal de 2010 restaurada con inteligencia artificial nos invita a viajar en el tiempo. Repasamos las noches eternas de un clásico del norte pampeano que revolucionaba el centro del pueblo y atraía a jóvenes de tres provincias.
REALICÓ | Hay recuerdos que quedan grabados a fuego en la memoria colectiva de un pueblo, y la noche realiquense tiene páginas doradas imposibles de olvidar. Para quienes hoy promedian los treinta y pico, ver la imagen de la pista de «El Santo» es abrir una ventana directa a la adolescencia, la juventud y la amistad.
La fotografía, tomada originalmente en una noche del año 2010 y mejorada digitalmente mediante herramientas de Inteligencia Artificial, retrata fielmente lo que era otra historia en la movida nocturna de la localidad. Una época de boliches llenos, veredas colmadas y fines de semana que parecían eternos.
El centro era una locura
«El Santo» era el pub que rompía la rutina. Abría sus puertas a mitad de semana para cortar el estudio o el trabajo, pero los viernes se convertía en la cita obligada para empezar el fin de semana a pura fiesta, el pico máximo donde estallaba. Y los sábados, funcionando como el epicentro de la gran previa antes de cruzar a la pista de «Ladrillo Disco».
En aquellos años, Realicó consolidaba un polo de atracción regional impresionante. Llegaba gente de todas partes en serio. Las cuadras cercanas al boliche se convertían en un desfile incesante de vehículos con jóvenes que viajaban desde distintas localidades pampeanas, del sur de Córdoba (como Huinca Renancó o Villa Huidobro), de San Luis y del oeste de la provincia de Buenos Aires. El centro del pueblo era, literalmente, una locura de movimiento.
La banda sonora del recuerdo
Puertas adentro, la pista era un hervidero de energía. En los parlantes sonaban los éxitos del reggaetón clásico de Daddy Yankee y Don Omar, los hits del momento de Chino & Nacho, o las infaltables versiones fiesteras de Agapornis y Los Caligaris.
También era la época de tirar los «pasos prohibidos» con los Wachiturros y de saltar a más no poder en el momento del rock nacional con Los Piojos y su clásico «Verano del 92».
Entre vaso y vaso de cerveza, Cuba Libre o el infaltable fernet, las mesas se llenaban de risas, gritos y anécdotas. Y cuando el hambre apretaba en la madrugada, el ritual se completaba compartiendo un tostado o una hamburguesa entre amigos antes de que saliera el sol.
Siempre es lindo hacer un viaje a lo mejor de nuestro pasado. Por eso, te regalamos este recuerdo de una pista que vio crecer a toda una generación y que dejó una huella imborrable en la historia de Realicó.