LA PAMPA | Lejos de ser una simple travesía ecuestre, «Cabalgando por la Historia» se consolida como el relevamiento territorial más importante de los últimos años. Roberto Hécker, Javier Prato y José García Gner desentierran el mapa de 1806 para devolverle a la provincia su toponimia original.
¿Cómo se llamaba nuestra tierra antes de ser La Pampa? ¿Quiénes eran los dueños de las lagunas antes de que los mapas modernos borraran sus nombres? Esas son las preguntas que guían la tercera etapa de una expedición ambiciosa que ya superó los 750 kilómetros de recorrido, uniendo el pasado colonial con el presente regional.
El diario que lo cambió todo
El motor de esta travesía es el diario de viaje de Luis de la Cruz y Goyeneche. En 1806, este explorador no solo buscaba una ruta comercial entre el Fuerte Ballenar (Chile) y Buenos Aires, sino que terminó redactando el acta de nacimiento documental de nuestra región.
Para los pampeanos, este documento es oro puro: es el primer registro escrito que detalla con precisión científica el relieve, la hidrografía y la organización social de los pueblos originarios. Fue De la Cruz quien puso por escrito nombres que hoy resuenan con fuerza en nuestra historia, como el de la familia Carripilón, cuyos descendientes aún caminan nuestro suelo.
De El Meauco hacia el horizonte santafesino
Los jinetes martinenses Roberto Hécker y Javier Prato, junto al apoyo logístico del realiquense José García Gner, han puesto en marcha la etapa más simbólica para la provincia. Tras partir desde El Meauco, la columna se interna en una geografía donde los parajes recuperan sus nombres ancestrales: Vüta Layken, Jagüel del Monte, Karüpilun y Millanaw, entre otros.
El objetivo inmediato es alcanzar el límite con Buenos Aires, cerca de Banderaló o Intendente Alvear, para luego encarar el tramo final hacia Melincué, en Santa Fe.
Rescatar la memoria antes del silencio
«Estamos rescatando los únicos datos que existen de nuestra región previos a 1806», señalan los expedicionarios. El valor de este proyecto no radica solo en la resistencia física de los jinetes o la belleza del paisaje, sino en el acto de soberanía cultural.
Al desandar este camino, Hécker, Prato y García Gner no solo están cruzando provincias; están reconstruyendo el puente que hermana a Chile con el corazón de la Argentina, demostrando que la historia no está solo en los libros, sino en la huella que todavía late bajo los cascos de sus caballos.