El pasado 25 de mayo, uno de los edificios más emblemáticos de Realicó celebró su centenario. Se trata de la sede de la Biblioteca Popular “Presidenta Avellaneda”, que desde 1925 permanece como un símbolo de la cultura, el conocimiento y la historia de nuestra localidad. Para conocer más sobre esta fecha tan especial, conversamos con Claudia Giraudo, una de las bibliotecarias que, con profundo compromiso, sostiene viva la llama de esta institución.
“Cumplimos 100 años del edificio propio, que fue un sueño de nuestros antecesores y se inauguró un 25 de mayo de 1925”, explicó Giraudo, resaltando la importancia de mantener intacta su estructura original. Aunque la biblioteca fue fundada en 1910 —apenas tres años después del nacimiento de Realicó— el edificio actual llegó quince años más tarde gracias a la perseverancia de vecinos, donaciones públicas y privadas, y una licitación que finalmente fue adjudicada a la empresa del constructor Feroglio, con pisos de Pusterla.
Ubicada en el terreno donado por don Tomás Mullally, la biblioteca fue pensada y construida con una visión de futuro admirable. “El edificio mide 10 metros de frente, 6 de fondo, y 4,80 metros de altura. Se construyó con gran calidad y previsión, incluso está elevado para evitar inundaciones”, detalló Claudia. Y añadió que su fachada se conserva prácticamente intacta: con sus ventanales originales de hierro, una escalinata de mármol y ornamentaciones que remiten a otra época. Solo se le ha agregado iluminación para resaltar su belleza en la noche.
Más allá de su valor arquitectónico, el edificio sigue cumpliendo un rol esencial como espacio cultural activo. “La biblioteca está más viva que nunca: hay presentaciones de libros, actividades para niños, pasantías universitarias, y clases de lengua y cultura italiana. También colaboran jóvenes voluntarios y se renueva el material constantemente, incluso con visitas a la Feria del Libro”, comentó Giraudo, con evidente orgullo.
Antes de tener su edificio propio, la biblioteca pasó por varios lugares: desde un local de la firma Viano sobre la avenida Mullally, hasta un incómodo segundo piso ofrecido por el comercio Maggi, y luego frente a la actual Escuela 34. “Era imperiosa la necesidad de tener un edificio propio. Aún hoy, hay localidades pampeanas que pagan alquiler por su biblioteca. Nosotros lo tenemos desde hace 100 años. Eso no es menor”, destacó Claudia.
Además de albergar miles de libros, la biblioteca custodia un busto de Nicolás Avellaneda, presidente de la Nación y nombre de esta institución, que fue gestionado por Avellaneda a través de Costa Pereira y con colaboración de Mullally.
Giraudo también rescató un punto esencial: “Mantener el edificio tal como fue concebido no es solo una decisión estética, es un acto de memoria colectiva. Cambiar las aberturas por otras más cómodas habría sido perder una parte de la historia. Y eso sería, como decimos, sepultar lo nuestro”.
A 100 años de la construcción de su edificio, la Biblioteca Avellaneda no solo se mantiene en pie, sino que continúa creciendo y adaptándose sin perder su esencia. Un verdadero testimonio de amor por la cultura, la historia y la comunidad realiquense.