Hay nombres que se funden de manera indiscutible con la identidad de un pueblo y con los colores de una institución. La comunidad de Realicó y el deporte de la región amanecieron este fin de semana con la triste noticia del fallecimiento de Oscar «Flaco» Farías, quien dejó este mundo el pasado 30 de agosto de 2026 a los 90 años de edad.
Hombre de garra, de estirpe inconfundible y de un corazón profundamente verde, el «Flaco» recorrió un camino que dejó una huella imborrable en el Club Atlético Ferro Carril Oeste. Su historia en la localidad comenzó varias décadas atrás, cuando llegó desde su Río Cuarto natal para calzarse la camiseta de la primera división de Ferro y demostrar sus cualidades dentro de la cancha.
De la cancha al banco: una vida dedicada a formar personas y jugadores
Lejos de ser una etapa pasajera, aquel viaje desde tierras cordobesas se transformó en un proyecto de vida definitivo. Farías echó raíces profundas en Realicó y transitó todos los roles posibles dentro de la institución que adoptó como propia: fue jugador aguerrido, director técnico y un apasionado coordinador de divisiones inferiores.
Quienes tuvieron el privilegio de compartir charlas con él en los estudios de IMPACTO —en entrañables mano a mano junto a Américo González— recordarán siempre su facilidad para encender la memoria colectiva. Con una lucidez y una calidez entrañables, visitaba el programa para rememorar aquellos tiempos dorados del fútbol local, los viejos compañeros de cancha y su paso por distintos clubes, incluso de otras provincias.
Tras un tiempo en el que le tocó vivir nuevamente en Río Cuarto, el amor por el club pudo más y el «Flaco» regresó a su lugar en el mundo para seguir aportando su experiencia y calidez humana desde la coordinación de las inferiores, moldeando no solo a futuros futbolistas, sino a jóvenes con valores.
En los últimos años, el club supo abrazarlo y rendirle merecidos homenajes en vida por su enorme trayectoria y su compromiso inquebrantable. Hoy, la familia verdolaga y todo Realicó lo despiden con el respeto de los grandes, sabiendo que su legado seguirá latiendo en cada rincón de la cancha y en la memoria de todos los que aprendieron a quererlo. Hasta siempre, «Flaco».